¿Es sociable tu perro?

El perro como animal social

Los perros son animales gregarios, son animales sociales que necesitan de su manada, su comunidad, su familia. Ellos nacen para pertenecer a esta manada, para ayudarse mutuamente en la caza, en la protección, la cría y en la supervivencia. Es la familia y amigos quien contiene, quien equilibra, quien educa, quien da ejemplo a los jóvenes, quienes los guían hasta convertirse en adultos equilibrados. El contacto social cercano, sano y basado en el respeto y la confianza reconforta, equilibra y tiene un papel muy positivo a todos los niveles.

Actualmente en esta sociedad, la mayoría de perros se crían en solitario, algunos con otros perros adultos en casa que se convierten en su referente canino, aunque tristemente, muchos de ellos tienen problemas de comportamiento.

Algunas familias, conscientes de la importancia de socializar al cachorro y de la necesidad de relacionarse, los llevan al al pipi-can o con otros perros en el parque para que "jueguen".

"Socializar es tener experiencias adecuadas en las que el perro pueda aprender ciertas habilidades sociales y donde se encuentre seguro para tener éxito en cada situación"

Con toda la buena intención del mundo pero con la ignorancia de saber reconocer con que perros es adecuado acercarlo y con cuales no, los metemos en situaciones o en un grupo de perros totalmente desequilibrado y problemático. Nuestro cachorro aprenderá por imitación ya busca y necesita referentes de donde sacar la información necesaria sobre cada situación e interacción. Si los referentes que encuentra no son correctos, ya sea porque tienen problemas asociados al estrés y/o de conducta, lo que vean, es lo que aprenderán y esto más pronto que tarde se puede convertir en un problema para el perro y su familia.

Si los cachorros se relacionaran en grupos sociales mínimamente estables, aprenderían a relacionarse de manera sana y correcta, tendrían un gran repertorio de habilidades adquiridas, se atreverían a utilizarlas y relacionarse con seguridad, serían más colaborativos, vivirían más tranquilos. Si lejos de esto, lo que encuentran en su “grupo social” son perros con problemas de estrés´, inseguridades, miedos, obsesiones, llamadas de atención, exigencia, imposición, etc. Lo que aprenden, si no los sabemos acompañar, es a imitar y ponerse en esos mismos estados alterados de comportamiento.

En los primeros meses de vida del cachorro aún no serás consciente de las consecuencias de los errores que cometemos cuando nos relacionamos con ellos. En la mayoría de casos se empezarán a notar a partir de los 8 meses que es donde suelen aflorar todos estos problemas.

Los cachorros, por naturaleza, evitan conflictos y calman a los adultos, pero cuando entran en la adolescencia y empiezan a pasar períodos sensibles (períodos de miedos), concretamente el período de los 8 meses, es donde todo estalla y el perro empieza a dejar claro que quiere dejar de relacionarse con sus semejantes. No porque no lo necesite, si no porque esta harto de aguantar malas maneras, agresiones, comportamientos maleducados, insistentes, tensos, amenazantes y porque tú no te estas enterando de nada ni lo estas ayudando a saber salir de esas situaciones. Eso es uno de los motivos por los que el vínculo se deteriora con el perro, aunque si sabemos acompañarlos, lo fortalece.

Después de llevarlos a "socializar” al pipi-can, a partir de los 9 meses, muchos de ellos empiezan a tener conflictos, reactividades y agresividades con otros perros por miedos, malas asociaciones y experiencias negativas en relación al que deberían ser sus apoyos y ayuda. Estos perros empezarán a estar condenados a vivir alienados, sin el apoyo y todos los beneficios que representa para ellos el contacto social correcto. El perro es un animal social, es nuestra gestión y los traumas que les provocamos lo que genera tantísimos problemas de relaciones sociales entre ellos.

 

Pocas personas se preocupan por saber entender su lenguaje, sus necesidades, sus preocupaciones, sus instintos. Vamos a convivir con un individuo de una especie distinta a la nuestra y no nos formamos en saber que necesita ni como educarlo. Nos limitamos a repetir el patrón de educación por el que nos han educado a nosotros (castigo, corrección y chantaje). Damos por echo que con esto se consigue todo y que no hay nada más para educar. La educación canina respetuosa y atendiendo a las necesidades emocionales del perro, es un mundo increíble, extenso, enriquecedor y desconocido para la mayor parte de la población. La Educación canina no es un lujo, no debería serlo. Es una obligación, los perros merecen más de lo que les damos. Tenemos que dejar de generar perros estresados, inseguros, miedosos, reactivos, insistentes, exigentes, tensos y frustrados, con poco vínculo y poca confianza hacia sus humanos.

Las personas, por desconocimiento, los metemos en situaciones para las que ellos no están preparados, situaciones que no saben gestionar y encima, no sólo no se les proporciona ayuda, apoyo ni acompañamiento para el desarrollo de sus habilidades y seguridad en sí mismos, sino que encima se les castiga, se les impone, se les riñe, se les exige que sepan y que se comporten como nosotros ni siquiera hemos sabido explicarles.

Si nos implicáramos en su educación, si nos preocupáramos en entenderles, aprender a acompañarlos, en ayudarles a superar sus miedos e inseguridades, las protectoras y refugios, empezarían a vaciarse.

Muchas veces no llegamos a conocer al gran perro que podía haber sido cada uno de ellos, los limitamos, no dejamos que se desarrollen al máximo, sean seres completos, de libre aprendizaje ni que tomen sus propias decisiones y sus propios caminos, aunque a veces sean equivocaciones. Ellos también deben poder aprender de sus errores, siempre y cuando velemos por su seguridad y aseguremos que en cada situación se puedan llevar una buena experiencia.

Toda su comunicación está basada en este sentido social.  Cuando el cachorro nace, lo hace acompañado, se saben relacionar entre ellos, y crecen equilibrados si se mantiene esa estructura social y sus padres están mínimamente equilibrados. Los cachorros crean fuertes lazos emocionales entre ellos. Busquemos ese contacto social correcto tanto con nosotros, su familia, como con los perros con los que se relaciona o debería estar relacionándose.

Las personas y las familias que tienen viviendo a sus perros fuera del hogar, en patios, terrenos, terrazas, balcones, huertos, fábricas, zulos de caza, etc. por alguna creencia, por cierta comodidad, por trabajo o por algún tema higiénico, deberían plantearse la intensidad de la crueldad y el maltrato que representa este aislamiento y separación social al que están sometiendo a sus perros, más aún, cuando son cachorros y ancianos, que tienen más necesidad de ser cuidados y protegidos, y se les abandona fuera a su suerte.

Ahora, cuando adoptes a un perro de protectora, podrás entender gran parte de la frustración que ha vivido, sólo y aislado en una jaula durante años, con el único cariño de los cuidadores y voluntarios que se dejan la piel en sacarlos adelante y cubrir lo máximo que pueden en cada uno de ellos. Llegará con carencias y traumas a nivel social, más el estrés que representa, este tema y muchos otros como la falta de paseos, el aburrimiento y el miedo. Dale tiempo, ten paciencia para que pueda cerrar sus heridas y nunca más lo dejes sólo.

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Escrito por
Miriam Olmedillo
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