El estrés canino

¿Qué es el estrés?

El concepto de estrés en ámbito canino difiere del estrés al que nos referimos las personas cuando tenemos mucho trabajo, tenemos preocupaciones o vamos desbordados. Al perro le suben los niveles de estrés (generando grandes cantidades de hormonas) al estar en contacto o en situaciones con estímulos que le producen miedo, inseguridades, frustración, exigencia, etc.

El estrés es un mecanismo hormonal que activa al perro a buscar solución o adaptarse a una nueva situación y/o a algún estímulo que le produce desconfianza. Se trata de un reacción natural algo habitual y útil para la supervivencia, de manera natural suben los niveles de estrés cuando el animal tiene que cazar, hacer frente a un peligro para huir o atacar.  Nuestros estados emocionales pueden también afectar a nuestro compañero/a peluda. “Con las conductas asociadas al estrés nuestro perro puede estar enviándonos mensajes de en qué momento estoy, en qué estado estoy. Si estás interesado/a en obtener más información sobre éste último tema te recomendamos el libro de nuestro entrenador canino Daniel Turrión Marne: “Ser Humano, Ser Perro”.

En sí, el estrés ayuda en muchas situaciones, es necesario para la propia supervivencia. Durante este mecanismo se producen las hormonas necesarias para “gestionar” la situación, como la adrenalina, y a la vez se producen otras para contrarrestar el “subidón”. Las hormonas de activación no tienen límite de creación. Por lo contrario, aquellas que ayudan a volver al cuerpo al equilibrio, si que tienen límite. Por eso es de vital importancia mantener ese equilibrio estable.

El estrés es un mecanismo hormonal que activa al perro a buscar solución o adaptarse a una nueva situación y/o a algún estímulo que le produce desconfianza.

El conflicto existe cuando las situaciones que les dan miedo, que los alteran, los excitan, no les gustan, les incomodan, les causa dolor o les causa malestar y/o frustración, se producen a menudo, esto generará en el perro niveles altos de hormonas del estrés. También sucede que la respuesta del organismo a estas situaciones pueda ser desmesurada, entonces el perro tendrá subidas de estrés que si se producen a diario se convertirá en una patología y tendremos un perro con ansiedad. Si el subidón de estrés es puntual, volverá a equilibrarse, se repone, y seguirá con una vida normal; pero si esta subida de estrés es habitual, el perro pasa a vivir en un estado de ansiedad crónico. Tendrá dificultades para relajarse y para gestionar situaciones, verá peligros donde no los hay y la capacidad de concentración y aprendizaje disminuirá considerablemente.


Si estos niveles de estrés están asociados con miedos entonces se intensificarán, inducirá a estados de tensión, mostrarán estados de preocupación por su entorno y estarán a la defensiva. Si el conflicto persiste pueden llegar a tener conductas obsesivas, nerviosismo, falta de modales, lamidos excesivos, ladridos constantes, ansiedad con la comida, destrozos, estereotipias: chupar objetos, perseguirse el rabo, conductas de caza exageradas, perseguir moscas, sombras, etc.

Si no ayudamos al perro con las inseguridades o miedos que presente, si las rutinas no son las correctas para él, si la convivencia no es la adecuada y su día a día le genera conflictos, estará cada vez más nervioso, reaccionará ante cosas que no deberían darle miedo, no atenderá a nuestras señales y será desobediente, su concentración será baja y podría empezar a tener comportamientos agresivos y/o obsesivos…. Por lo que se altera la convivencia y cada vez surgen más problemas de conducta.

¿Qué situaciones generan estrés en los perros?

· Miedos/inseguridades. Estar ante el estímulo que lo desencadena.
· Nuestros enfados, castigos y correcciones.
· Nuestros comportamientos nerviosos y poco previsibles.
· Acontecimientos que ocurren a gran velocidad o que no son predecibles.
· Cuando se sienten incapaces de solucionar una situación.
· Amenazas nuestras o de otro animal.
· Tirones y correcciones con la correa. Empujarlo y forzarlo a hacer cosas con nuestras manos.
· Poco o demasiado ejercicio.
· Poca o demasiada actividad y estimulación mental.
· Paseos inadecuados, no dejarles olisquear, tensión en la correa, collares de ahorque, pinchos, eléctricos, etc.
· Situaciones que les frustran mal gestionadas.
· Excesivas exigencias en la convivencia.
· Excesivo ruido o discusiones, peleas y violencia en su entorno, ya sea de la familia humana o de los demás animales con los que conviva.
· Juegos o deportes excitantes mal gestionados: de pelea, mordedores, perseguir objetos, Agility, fresbee, etc.
· Que siempre se les esté molestando y dándoles “afecto”, imposibilidad de relajarse.
· Manipulados incorrectos o manipulados básicos si el perro tiene problemas con ellos.
· No atender a sus señales de calma.
· Cambios no previsibles o repentinos en su día a día o en la convivencia.
· Soledad.
· Aburrimiento.
· Falta de rutina en el día a día, frecuencia de novedades y de cambios.
· Hambre.
· Sed.
· Frio o calor excesivo.
· Cuando sienten dolor, malestar o incomodidad (articulaciones, dolor de oídos, ruidos de chapas en el collar, arneses puestos, etc.).
· Educación o adiestramiento incorrecto o muy exigente, un mal referente que sea imprevisible y no indique bien al perro lo que se desea.

¿Cómo detectarlo?

Existen síntomas que nos indicarán si un perro tiene niveles de estrés altos. Estos síntomas pueden ser físicos y de comportamiento.

Síntomas físicos:


Caspa o alergias, mal olor corporal y de aliento, musculatura tensa, piel seca, jadeo, respiración entre cortada, temblores, tiene diarrea o vómitos a menudo, hace sus necesidades con más frecuencia de lo normal, pérdida del apetito o ansiedad con la comida, pérdida de pelo, a menudo tiene conjuntivitis y otitis, sistema inmunitario debilitado.

Síntomas de comportamiento:


Hiperactividad, nerviosismo, si reacciona excesivamente a los acontecimientos y situaciones (perros acercándose, teléfono, timbre…), se rasca, se lava, se mordisquea o se sacude a menudo, repite comportamientos que no tienen lógica, destroza objetos, ladra o gimotea a menudo, aúlla, comportamientos compulsivos como intentar morderse la cola o las patas, dificultad para concentrarse, exceso de señales de calma, muestra fijación por ciertos objetos (luces, moscas, pelotas, sombras…), reacciones exageradas a los ruidos, aumento de miedos, perseguir bicis en movimiento, personas corriendo, patinetes, niños, gatos, etc., ansiedad por separación (cuando es evidente y cuando pasa desapercibida), mala conducta higiénica, “desobediencia”, gruñidos, agresiones, etc.

Escrito por
Miriam Olmedillo Galán
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